Mi hijo Martín trajo hace unos 9 meses a Otto, un cachorro
Cooker dorado. Me tocó, o lo hice por ganas o por cariño, pasearlo
varias veces al día. Demás está aclarar lo que siento
por él. Muchas veces comento que: nadie que no tenga un can, está
capacitado para comprender lo que se siente por ellos, y las charlas que resultan
de esto pueden parecer ridículas.
Sin darme cuenta, cierto día estaba ya con nuevos amigos, conversando
sobre perros, conociendo los nombres de todos, sus problemas, enfermedades,
anécdotas, travesuras o gracias, etc.
Escuché cierta vez: “a Charly le dio un cólico”.
Charly es un Dálmata, y se hablaba de él como de una persona.
Cuando se comunican dicen “habla la mamá de “Benji”,
el Yorkshire, y así, todos nos vemos, nos reunimos en la plaza a cierta
hora, se forman amistades y se habla de la vida, no solamente de perros.
Y de tanto estar juntos, comencé de a poco a fotografiarlos, a tomar
esto como un tema, y fueron saliendo imágenes tiernas, comunes, especiales,
pero sobre todo representativas de estas relaciones, como la de Marcelo, que
se tatuó “Blue Boy” el nombre de su Doberman en su hombro,
para tenerlo siempre presente aunque ya no esté más.
Fredy Heer
www.photoheer.com.ar
